martes, 18 de octubre de 2011

Educando a mi amiga Rocío, docente defensora de la educación pública gratuita y para todos, esclava inconciente de la matrix estatal


Antes que nada… ¿Qué es la educación gratuita? Una mentira. Un verso. Un engaño populista.

¿Por qué? Porque no se trata de un servicio “gratis”…

Esta institución consigue los recursos económicos mediante la coerción del estado y los impuestos. Esos recursos de toda la sociedad van a los insumos, sueldos de los maestros, directores, pero por sobre toda las cosas a la burocracia del sistema. Imaginemos el caso que todos los docentes realmente quieran brindar “educación gratuita” sin cobrar del estado los recursos impositivos, tampoco sería un servicio gratuito, ya que todos esos trabajadores estarían pagando el costo de oportunidad de hacer otras cosas durante el tiempo asignado a esa actividad (ganar dinero en otras cosas, divertirse, pasatiempos, descansar, etc.) o sea…nada es gratis en la vida. Cuando uno compra una cerveza, la cambia por la cantidad de billetes que sale porque evalúa (a priori) que ese esa bebida (como cualquier otro bien) lo va a hacer más feliz que ese dinero en el bolsillo. Cuando uno ayuda a su prójimo, por ejemplo, dedicando tiempo para educarlo, es porque se siente más satisfecho con esa inversión de tiempo y esfuerzo, que no haciéndola. En ambos casos el mecanismo es el mismo: valoraciones subjetivas, recursos escasos (tiempo o dinero) e intercambio.

Por lo tanto, para ser intelectualmente honestos, todos los que piensen que la sociedad debe ayudar a las personas que no tengan acceso a una educación en el mercado, para empezar deberían cambiar el slogan mentiroso de “educación gratis para todos” y evaluar cuál es el sistema más eficiente para que toda la gente tengan acceso a la educación, es decir, precios más bajos en el sistema privado y una eficiente asignación de subsidios a quienes no puedan afrontar ese costo con sus propios recursos.

¿Están “los abanderados de la causa” dispuestos a renunciar a slogans pelotudos, mentirosos, contraproducentes, si un día descubren que otro sistema puede brindarles los resultados que buscan por otro camino? ¿Realmente están preocupados por que todos tengan acceso a la educación? ¿Tanto como para tener la valentía y la grandeza de aceptar que su “lucha” va por el camino equivocado? Si la respuesta es NO, Rocío tenés que saber que tu “lucha” beneficia a las corporaciones y perjudica la educación que supuestamente defendés, sobre todo a la de los más necesitados. Si la respuesta es SI, seguí leyendo. Pensalo bien. Es una pregunta algo más importante de lo que parece y aplica a muchos ámbitos más de la vida el tema…

¿Por qué es ineficiente la educación “pública”? La respuesta que los defensores de la “educación gratuita para todos” articulan automáticamente es: “Porque hacen falta más recursos del estado, para más y mejor educación” ¿Es así? NO, ESO ES ALGO TOTALMENTE INEXACTO. Al menos en los términos simplistas de causalidad planteados.

Para que esa premisa sea cierta tendríamos que aceptar que cada centavo asignado a la educación (como puede ser a la salud o a cualquier otra cosa) es gastado de la manera más eficiente, es decir, consiguiendo lo máximo que se puede al menor costo posible. Como dijo Milton Friedman hay cuatro formas de gastar dinero: nuestra plata con cosas para nosotros (eficiente asignación de los recursos escasos, menor cantidad de dinero posible para la mejor calidad disponible de “x” bien), dinero de otros para nosotros (menos eficiente, priorizamos lo que compramos por sobre el recurso económico destinado), dinero nuestro para otros (también menos eficiente, ya que cuidamos más el recurso económico que el producto adquirido), y la forma menos eficiente de todas: dinero de otros para cosas de otros. Así gasta el estado: la plata de los contribuyentes para cosas que no son para los gobernantes, que no utilizan ni la salud ni la educación pública. Es por eso que las escuelas estatales designan más dinero por alumno en relación a lo que pagan los padres de muchas escuelas privadas por la educación de sus hijos.

Ante esta realidad cuando Cristina Fernández dice que incrementó los recursos del presupuesto para educación, yo digo… “¿Y con eso qué?”. Se puede gastar más y ser más ineficiente. Dicho sea de paso, es lo que pasa en Argentina.

Una vez que se comprendió que la manera más eficiente de utilizar un recurso es poseerlo, el primer punto para salir de la matrix es discutir la financiación del sistema educativo. Algo que nuestros amigos ilusos ni siquiera se preguntan, pero que es esencial para lo que ellos supuestamente demandan.

Yo dije que es posible mejor educación, no dije que sea fácil de comprender para los que están sumergidos en el paradigma imperante…¿Estás dispuesta a luchar realmente por el sistema educativo? ¿Tanto como para parar, prestarle atención a cada renglón, releer lo que no entiendas y estar dispuesta a considerar ideas que nunca se te pasaron por la cabeza? Si la respuesta es SI, puede ser que en serio te preocupe el tema de la educación…entonces seguí leyendo…

Respecto a la financiación y considerando las formas eficientes de gastar (asignar) el dinero, si pensamos que la sociedad debe hacerse cargo de los que no puedan acceder a una educación privada ya tenemos dos cosas en concreto: terminar con la mentira de la “educación gratis” en el reclamo y darle en la mano a los beneficiarios de la educación pública el recurso (subsidio) sin intermediarios. Esto puede hacerse modificando el rol del estado: dejando de subsidiar la oferta y comenzando a subsidiar la demanda. Sea la cantidad de dinero que fuera, el presupuesto siempre será mejor utilizado si se reparte en forma de bonos a los padres y que éstos puedan ser cambiados luego por el dinero correspondiente por parte de las instituciones elegidas una vez cobrados. Para que el sistema sea verdaderamente eficiente los padres tendrían que tener más incentivos que la cercanía de la escuela para mandar a sus hijos. Para esto es necesario liberar a las instituciones educativas de contenidos compulsivos y reglamentos por parte del estado. Si todos los establecimientos ofrecen lo mismo la competencia es muy limitada, si los modelos alternativos conviven, la gente se vuelca a los mejores y los peores aprenden. Ante esta idea tan básica, lamentablemente revolucionaria, nuestros amigos ingenuos tienen otra respuesta automática: “¿Pero qué va a pasar si una escuela no quiere dar matemáticas o no enseña a leer?”. Dos conclusiones básicas: 1) El estado no inventó ni la matemática, ni las ciencias, ni la literatura, ni nada. Todo eso apareció de manera espontánea de la mano de individuos creativos que no fueron a una escuela de contenidos obligatorios. 2) ¿Qué padre mandaría a su hijo a una escuela que no de las cosas básicas indispensables para la vida? y por lo tanto…¿Qué escuela querría quedarse sin los recursos económicos que conseguirían de la mano de la mayor cantidad de alumnos posibles?

Con un cambio en este sentido mejoraría el nivel educativo y los maestros más aptos de las escuelas más innovadoras conseguirían “increíbles mejoras salariales”, no por parte del estado, sino por parte de los que premiarían el éxito de su trabajo.

Adiós huelgas, conflictos laborales, paros, sin contar las repetidas y absurdas noticias de cada inicio de ciclo lectivo donde los programas se hacen eco del debate político sobre si hay que sacar o no las amonestaciones, con los panelistas que se creen sabios ingenieros sociales. En medio de esos adultos jugando, la educación de todos los chicos de rehén. ¿Cuál es el mejor sistema? Yo no lo sé. Pero lo más importante es que nadie lo sabe y lo más seguro es que haya mucho más que uno.

Si como dije, el estado no inventó ni la matemática, ni la geometría, ni la biología, todas ciencias que se desarrollaron en un mundo más pobre y desigual donde sólo unos pocos comían todos los días y donde los más ricos de entonces no poseían ni el nivel de vida que tiene hoy alguien que gana un salario mínimo…¿Te imaginás el salto cuantitativo que podría dar la humanidad en este momento de la historia si se liberara el sistema educacional?

El conflicto chileno: ¿El fracaso del capitalismo o la pereza intelectual?

Si la educación universitaria es cara e inaccesible para la mayoría de las personas el diablo metió la cola (o el estado está interviniendo el mercado, que es lo mismo).

Ante las manifestaciones populares en Chile que solicitan “educación gratis para todos”, con motivo de los elevados costos de las universidades privadas el progresismo berreta (que de progresista no tiene nada) proclama a los cuatro vientos que fracasó el mercado, que uno no puede endeudarse toda una vida para pagar la educación (muy lógico) y que el estado tiene que destinar más plata para que todos estudien, sin preguntarse si quiera que produce ese fenómeno, mejor dicho, distorsión. Por más que muchos amigos nuestros se sumen a este reclamo, como mi querida Rocío a quien le escribo hoy, eso no quita que no seamos honestos y les señalemos lo que son: vagos intelectuales que bailan al son de la música que le ponen sin cuestionarse que podrían cambiar el disco.

Cabe destacar que el fenómeno chileno tiene dos responsables: No sólo la izquierda distraída e infantil, sino también las derecha conservadora que se daba por satisfecha sólo por el hecho de que no exista una educación pública universal, sin saber que cuando no hay un sistema libre, corre inevitablemente el tic-tac de una bomba de tiempo que explota en cualquier momento. Y las lecturas del hecho son casi siempre incorrectas, como ocurrió con la crisis de 2001 en nuestro país.

Un collar de perlas, un anillo de diamantes o un lingote de oro, a no ser que ocurra un fenómeno extraordinario como el descubrimiento de grandes yacimientos o una enorme donación extraterrestre de estos bienes preciados, siempre van a tener un alto costo. ¿Por qué? Porque la gente los desea y porque no se pueden producir en masa en el mercado. Yo me puedo dedicar a fabricar computadoras pero no me puedo poner a inventar oro. A lo sumo puedo ir a buscarlo, requiriendo grandes inversiones y sin garantías de éxito. Por eso el precio de un bien tiende a bajar mientras aumenta su producción y el del otro prácticamente se mantiene.

Ahora yo les pregunto a todos los defensores de la “educación gratis para todos”: ¿No se preguntan por qué carajo un servicio que consta de un sólo tipo enfrente de un pizarrón con una tiza sale una fortuna? ¿No se preguntan como puede ser que, supongamos cuarenta personas, que pueden entrar en un aula tengan que disponer de grandes sumas de dinero para estar en un lugar, adquiriendo un servicio/ producto que no requiere de maquinaria ni de materias primas, ni de cientos de operarios? ¿No les llama la atención que la mayoría de gente tenga televisor, cable, internet, celular, heladera, horno y no pueda pagar un servicio que tiene mucho menos costo que todo eso? Claro que un profesor puede decir “mi clase vale una fortuna” y unos quieran y puedan pagarlo, pero eso no quita que pueda aparecer un competidor que pueda dar la misma clase más barato.

Me gustaría dejarles estas cuestiones picando y terminar de escribir acá, pero dado que la pereza intelectual que los lleva a abrazar estas proclamas absurdas es tan grande y dado que estoy escribiendo hace una hora, voy a seguir hasta el final. Puede que alguien lea y le caiga una ficha.

A pesar de que la finalidad del sistema educativo debería ser educar, la intervención del estado lo convirtió en un fin en sí mismo: Una carrera de obstáculos para el alumno que debe buscar el título habilitante por sobre todas las cosas para ejercer su regulado oficio, dejando los conocimientos adquiridos en un segundo plano. ¡Un escándalo para el que se anime a mirar esta realidad por sí mismo! Si el estado se quitara del medio eliminando los impedimentos para abrir centros de estudios libres, las regulaciones, las habilitaciones de títulos y matrículas obligatorias para las instituciones educativas estaríamos ante una revolución educativa sin precedentes. No solo la corporación privada perdería todos los privilegios…estaríamos ante un increíble derrumbe de los precios ante la multiplicidad de institutos, escuelas, academias, universidades y centros de estudios. La gente iría donde le garanticen lo que más quiere aprender, lo que necesita para el mercado laboral, oficio o satisfacción personal y la constante competencia generaría un justo prestigio a las iniciativas más virtuosas. ¿Se imaginan que pasaría si dos profesores de derecho de una universidad tradicional con aspiraciones de crecimiento pudieran alquilar una casa chorizo en un barrio y abrir su propia facultad sin estar impedidos por los altos costos de ingreso al sistema, impuestos, regulaciones, burocracias y habilitaciones necesarias, que sólo pueden enfrentar las grandes empresas? Si logran hacerlo puede que entiendan como conseguir una educación de calidad para todos. Si logran entender esto, puede que entiendan cómo conseguir todo lo que conocemos para todos. Por supuesto que seguirán existiendo instituciones caras que vendan su nombre para gente que pueda y esté dispuesto a pagarlo, pero eso es otro tema.

¿Cuál es el problema al final? ¿La desigualdad o la pobreza y la exclusión? Lo primero es una condición inevitable de la humanidad, lo segundo tiene solución. Al que crea que el problema es la desigualdad yo le recuerdo que hay más desigualdad económica entre Carlos Slim y Marcelo Tinelli, que entre la mayoría de nosotros y el exitoso conductor de tv…Y no sólo eso… que todos nosotros no tenemos el nivel de vida que tiene él, solamente por las medidas que les pedimos a gritos a nuestros gobernantes en todo el mundo durante el último siglo. Bueno…“pedimos”, yo no, ustedes que son mayoría.

Desregulando el sistema educativo los costos serían tan accesibles a presupuestos modestos como lo es comprar ropa. Lógico que siempre existirán los jeans top, pero todo el mundo tendrá acceso a un pantalón y una camisa de buena calidad (los que nos vestimos en Once sabemos que no siempre marca fashion es sinónimo de buena mercadería). El problema no es aceptar que existirán universidades top, sino que ustedes entiendan que el mismo mecanismo que provee pantalones accesibles para todo el mundo puede hacer exactamente lo mismo con la educación: porque es lo mismo que eso, un bien en el mercado sujeto a la oferta y la demanda, encarecido por la regulación estatal: el capricho más caro y asesino de la historia de la humanidad.

Ahora depende de ustedes… o paran la pelota y piensan un poco el problema buscando una solución lógica… o continúan repitiendo estupideces que lo único que hacen es mantener los privilegios de unos pocos empresarios, mientras que miles de posibles emprendedores que podrían hacer el milagro mueren como empleados y el estado destruye la educación.

lunes, 3 de octubre de 2011

El liberalismo y el gobierno de Carlos Menem

Artículo solicitado por los amigos liberales de Costa Rica en relación a las políticas aplicadas durante los noventa.

Si bien los resultados de las políticas económicas y sus consecuencias están directamente relacionadas con la crisis de 2001, en la realidad tanto el plan económico menemista como sus consecuencias nada tuvieron que ver con los postulados del liberalismo de estado reducido y economía abierta. Más bien fueron el colapso de un estado endeudado de alto gasto público y corporativismo empresarial.

Contexto:

El proceso de privatizaciones que tuvo lugar en la república Argentina durante la década del noventa no puede ser considerado como un fenómeno aislado en particular. No solamente ocurrió en los años del “Consenso de Washington” en sintonía con otras políticas económicas de índole privatista o aperturista en el mundo, sino que coincidió con el colapso total de los servicios públicos en manos del estado. Es decir, se trató por sobre todas las cosas de una situación de fuerza mayor. Definitivamente no por convicción ideológica, oportunismo político o cambio de mentalidad peronista.

La situación que afrontaba el país hacia el final de la década del ochenta era dramática: El primer presidente de la nueva democracia, Raúl Alfonsín, entregó el mandato de manera anticipada con un proceso de hiperinflación donde los precios eran remarcados a diario. El país afrontaba también un colapso total del sistema energético, racionalización de electricidad y un déficit insostenible en todas las empresas de servicios públicos en manos del estado. El valor de una casa con teléfono era muy superior al resto y se anunciaba especialmente en los avisos publicitarios. Un dicho por aquellos días era que se vendía “teléfono con casa” en lugar de casa con teléfono. Las miserias que cobraban los jubilados ya era una realidad tristemente aceptada por los argentinos que sabían que no podían abandonar a sus mayores con lo que recibían de los fondos de pensión administrados por el estado.

Con esta situación de colapso estatista, las fuerzas mejor perfiladas para las elecciones de 1989 eran:

-La Unión de Centro Democrático (Ucedé) partido conservador, pero económicamente de orientación liberal. Su líder, Álvaro Alsogaray, venía manifestando hace décadas la necesidad de una economía libre. Consiguió el tercer puesto con un 6,87% (1.150.603 votos).

-La Unión Cívica Radical (UCR), que era el partido oficialista, decidió como estrategia de campaña (dada la situación adversa del presidente Alfonsín) despegar a su candidato, Eduardo Angeloz, del gobierno en ejercicio. El postulante radical usó como campaña un anotador y un lápiz rojo, repitiendo que venía a “achicar el gasto”. O sea, su propuesta era hacer lo que no había hecho el presidente de su mismo partido: reducir el estado. Consiguió el segundo puesto: 32,24% (5.433.569 votos).

-El Justicialismo (PJ -Peronismo). Cabe destacar que la candidatura de Carlos Menem fue toda una sorpresa. El favorito a competir por el peronismo era el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero. Menem, gobernador de La Rioja, se animó a la interna contra el poderoso bonaerense y recorriendo todo el país, pueblo por pueblo, desde 1986 dio la sorpresa al imponerse en la interna partidaria. Cabe destacar que, a todo esto, el candidato justicialista no sólo no tenía un plan de gobierno, sino que evitó todo tipo de propuesta en la campaña. La televisión repetía un spot con un chico silbando la marcha peronista con el lema “Vuelve la alegría” y el slogan con el que empapeló el país solamente resaltaba: “Síganme que no los voy a defraudar”. ¿Qué iba a hacer? Era un misterio…Inclusive se dio el lujo de faltar al debate televisivo con Angeloz, respaldado por la ventaja en las encuestas. Ganó las elecciones el 14 de mayo de 1989 con el 47,49% (7.953.301 votos). Fue el primer mandatario justicialista electo luego de la muerte de Perón.

El menemismo ¿Liberalismo o populismo?

Argentina desde 1853 hasta mediados de la década del 10, bajo la Constitución liberal de Juan Bautista Alberdi, consiguió ser el país más desarrollado de la región, convirtiéndose de un desierto fraticida a una incipiente potencia que atrajo a millones de inmigrantes de todo el mundo en búsqueda de un futuro promisorio, sólo con las simples certezas de que podrían adueñarse del fruto de su trabajo y profesar libremente su fe. Así nació el crisol de razas que caracteriza las ciudades más importantes del país.
Hacia principios del Siglo XX, en sintonía con el mundo y las políticas estatistas y luego fascistas, llegaron las primeras empresas del estado como Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), el Banco Central, la estatización de los recursos naturales y el primer golpe militar de 1930 que interrumpió el primer proceso democrático.

Hasta ese momento el estado, si bien se encontraba en avance constante, convivía con la iniciativa privada, hasta que en 1946 el primer gobierno de Perón llevó el estado hasta las empresas que hasta ese momento trabajaban con algo de libertad.

45 años más tarde el fracaso de las empresas del estado era evidente:

-Aerolíneas Argentinas (estatización y unificación de empresas privadas en una aerolínea estatal monopólica durante el gobierno de Perón) perdía millones todos los días y el servicio era caro, caótico y con vuelos demorados y suspendidos constantemente.

- La racionalización de la energía eléctrica administrada por el estado hacía que la gente se levante a la madrugada para lavar y planchar la ropa en horarios extravagantes. Otra postal de la época eran las reuniones en las casas de amigos y familiares para ver los programas televisivos, ya que los horarios de corte eran programados y por zonas. Al menos el fracaso del estado regulando la energía había colaborado con la vida social de las personas que se juntaban por necesidad enfrente de un televisor.
-Conseguir un teléfono era una odisea que tardaba literalmente años. Para localizar a alguien había que llamar al vecino con teléfono, ya que los privilegiados con una línea

eran pocos. La empresa estatal telefónica ENTEL tenía su propia “policía” con la que hacía sorpresivas requisas en las propiedades de la gente buscando infractores que cuenten con dos aparatos para ser incautados. Típico en las empresas del estado… si bien la mayoría de la gente no tenía teléfono, los afortunados que sí, por medio del soborno conseguían que un empleado público les facilitara un aparato extra para ser instalado ilegalmente. Mientras se le cerraba la puerta al mercado, los privilegios para unos pocos y la corrupción eran moneda corriente en un festín de gasto público totalmente inmoral e ineficiente.
Como si fuera poco la hiperinflación iniciada por la emisión monetaria para financiar el gasto público, que entre otras cosas, se dedicaba a mantener todo el aparato estatal improductivo, estaba fuera de control. Un dato de la época es el relato de las celebridades televisivas, cinematográficas y de la música en Argentina que tuvieron sus años de esplendor por esos días: Ninguno consiguió amasar grandes cantidades de dinero, ya que sus ingresos se dilapidaban antes de cobrarlos. Lógicamente la clase media se encontraba imposibilitada de cualquier tipo de ahorro y muchos argentinos tenían dificultades de llegar a fin de mes. Virus, uno de los grupos de música top de los ochenta, hablaba del problema monetario hasta en sus canciones: “Cuando la noche nos estafa, las caricias sufren inflación”, cantaba Federico Moura Polvos de una relación, del disco Superficies de Placer (1987). Toda una postal argentina.

El cambio de rumbo, como vimos, era obligatorio, una necesidad. El país era estatal y había colapsado. La salida podía ser “liberal”, por medio de la desregulación de los sectores en manos del estado abriendo paso al mercado y a la libre competencia reduciendo el gasto público y bajando los impuestos o “corporativista”, cambiando monopolios estatales por privados evitando reformas de fondo. Se hizo algo peor: se les dieron los monopolios a las empresas privadas, se subieron todos los impuestos, se incrementó el gasto público y se disparó la deuda externa luego de que los mercados financieros internacionales se abrieran al país luego de sus políticas “privatistas”.

Algunos de los aspectos hoy polémicos del gobierno de Menem fueron:

-Privatización de las empresas públicas
-Política monetaria denominada como el “1 a 1”
- Cierta apertura comercial e ingreso de importaciones, hasta el momento fuertemente restringidas
Estas medidas, hoy denostadas por gran parte de la opinión pública, tanto en Argentina como en muchos lugares del mundo, han sido calificadas como el “neoliberalismo”. La crisis de 2001 fue el resultado de estas “teorías” para la mayoría de los analistas políticos y economistas que consiguieron, en gran medida, convertir al ideario liberal en una mala palabra para mucha gente.

Privatizaciones:

Con la opinión pública a favor luego del colapso de las empresas estatales y con un discurso de mercado –el Presidente repetía públicamente “nada que pueda ser atendido por privados quedará en manos del Estado- llegaron las ventas de los activos en manos del gobierno.

Si bien algunos servicios públicos como el abastecimiento de agua, gas o electricidad, por sus características de distribución son más complejos para una competencia en el mercado en la búsqueda del cliente (en la actualidad cada vez menos), todas las empresas como la telefónica y la de aeronavegación comercial, fueron entregadas a empresas privadas en calidad de monopolios, sin apertura a la competencia ni posibilidades de desregulación. Con esta misma lógica se “privatizaron” parte de los fondos de pensión bajo el nombre de las AFJP, donde el estado también aparecía como regulador total del nuevo esquema, obligando a las empresas financieras a comprar bonos del estado y convirtiéndolas en muchos aspectos en socias en perjuicio de los clientes cautivos que podían cambiar “libremente” entre empresas sujetas a las mismas arbitrariedades gubernamentales. Jamás se planteó la posibilidad de un esquema libre o voluntario por parte del aportante ni la apertura del sector.

La dicotomía impuesta fue de la de Estatismo vs. Privatizaciones y dado el colapso del primer modelo, gran parte de la opinión pública no dudó en abrazarse sin reparos al segundo.

Las pocas voces de destacados teóricos como Marín Krause o Alberto Benegas Lynch (h) que advertían que las reformas no eran las adecuadas si no se sometían las empresas a competencia y desregulación, eran acalladas por la alegría de millones de personas, que por ejemplo, tenían un teléfono por primera vez en sus vidas. Todo dentro de una retórica oficialista supuestamente “pro mercado”.

Las empresas privilegiadas sin incentivos con el tiempo fueron descuidando a los clientes cautivos, para que años más tarde gran parte de la opinión pública considere que lo que falló fue el sector privado, (el capitalismo, el lucro, las empresas) y que había que volver al estado (el bien común). Lógicamente el peronismo estaba ahí para renovarse y reinventarse impunemente con un discurso estatista, digno del Perón de hace cincuenta años.

Política monetaria y endeudamiento externo:

La antesala del 1 a 1, es decir, un peso = un dólar se dio en el marco del Plan Bonex. Esta medida confiscó los ahorros de los particulares en los bancos a plazo fijo y fueron reemplazados forzosamente por bonos del estado. Es increíble que esta aberración, por sobre todas las cosas antiliberal por definición, violatoria del derecho de propiedad no sea hoy denunciada por los “anti noventistas”. Probablemente esto sea porque la herramienta de la confiscación sigue siendo utilizada hoy en día por ellos, como por ejemplo en la reciente estatización forzada de los fondos de pensión. Una vez allanado el terreno se implementó la “Ley de Convertibilidad”.

Cuando el Ministro de Economía Domingo Cavallo decretó que un peso valía un dólar lo primero que hizo fue decirle al mercado (si se le pudiera decir algo, ya que es la suma de todas nuestras decisiones) que lo pensaba ignorar. El valor de la moneda estaría establecido por ley sin importar las elecciones de los tenedores de los pesos convertibles. Claro que una medida dirigista de estas características sólo puede adoptarse mientras se tengan suficientes dólares disponibles para sostenerla.

Con la emisión monetaria frenada, ya que se necesitaba un dólar de respaldo a cada peso emitido, desapareció la inflación, demostrándole una vez más a la historia cual es el causante del problema, que tiene tantos años como tiene la historia de los gobiernos apropiándose de la moneda.

Lamentablemente, típico del populismo peronista, a pesar de ya no tener que mantener las empresas del estado, el gobierno aumentó todos los impuestos y se endeudó en el exterior año tras año hasta la crisis ya en 2001, ya en el gobierno de Fernando de la Rúa, cuando los organismos internacionales dejaron de prestar dinero “al país”.

La experiencia de la década del noventa muestra lo nefasto, anti liberal e incompatible con la democracia de los organismos de crédito internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Estas entidades de crédito ofrecen liquidez a gobernantes poco dispuestos a achicar el gasto con los peores incentivos ya que otros gobernantes y nuevas generaciones de contribuyentes serán los que paguen la cuenta.
Un país de políticas económicas liberales no debería tener relación alguna con estos organismos, que más allá de sus intenciones o postulados, financian al populismo alrededor del mundo a costa de los ciudadanos que pagan impuestos y la deuda que no contrajeron.

Al igual que la gente común, los gobiernos si tienen gastos que superan sus ingresos deben recortarlos sin estrategias que signifiquen directa o indirectamente un robo para sus contribuyentes.
Hacia final del gobierno de Carlos Menem el pasivo del país con el exterior se incrementó un 123%, pasando de 65.300 millones de dólares a 146.219 millones de dólares.

Apertura comercial y sus consecuencias:
Consideraciones generales

Si hablamos de “apertura” de un sector o un país determinado, partimos de la lógica premisa que el ciclo previo fue cerrado o “proteccionista”. Sin la distorsión del cierre comercial, ya sea por impuestos, aranceles, cupos o subsidios a productores locales, sería imposible imaginar que un producto de un país se fabrique a un costo más alto que en otro lugar. Y si ese producto local está en condiciones de competir en el extranjero, lógicamente la “protección” gubernamental no tendría motivo.

El problema, como lo fue en Argentina y en todo el mundo cerrado a las importaciones, es que la apertura comercial indefectiblemente llegará de la mano de un incremento en la tasa de desempleo. Ante esa realidad inevitable las opciones a tener en cuenta sólo oscilan entre “malas” y “menos malas”, pero no hay salida ilesa del proteccionismo comercial.

Para entender el “big picture” del proceso que termina con muchos nuevos desempleados a la hora de enfrentar la apertura debemos ir al momento donde se crea el ciclo, donde se produce la distorsión.
Supongamos que en un país determinado, por el lobby de los empresarios textiles se consigue “proteger” a la industria local de camisas. Los perjudicados por esta medida no son un grupo de presión importante o siquiera unificado, ya que el exportador se encuentra en otro país abasteciendo otros mercados y los consumidores están diseminados en toda la población, por lo que la noticia de que tendrán que gastar un poco más en este producto no es de mayor trascendencia o inclusive puede que ni se enteren de la novedad. Ésta con suerte ocupa un pequeño espacio en las noticias y probablemente esté enunciada como una medida positiva a favor del empleo y los intereses nacionales. Ese es el momento donde el mercado local recibe la información de que la camisa que llegaba, por ejemplo a 10, y que no se fabricaba porque el costo en el país representaba 12, ahora llega al país - producto de la intervención- a 14, por lo que varios empresarios son incentivados artificialmente y pasan a dedicarse a la producción de camisas. El tiempo corre y el mercado asigna recursos, materias primas, maquinaria, crea empleo y miles de familias pasan a depender de la industria nacional de camisas. Cuando llega el momento de evaluar la apertura, el costo político es destruir este sector, que si bien es artificial, está formado por gente real que depende de sus fuentes laborales para ganarse el sustento.

Argentina, durante las décadas del 70 y 90 atravesó por procesos de estas características y para la opinión pública el análisis económico no tiene importancia: la apertura genera desempleo. Hoy nuevamente el estatismo es el caldo de cultivo para futuros conflictos a la hora que el país decida abrirse al mundo. Hoy, como probablemente como nunca antes, el panorama es más peligroso ya que a la economía cerrada se le agregan los subsidios y “planes familiares” a millones de personas que dependen directamente del estado.
Ante esta circunstancia, como vimos, no hay salida “limpia”:

-O se acepta que, en pos de mantener esas fuentes laborales “artificiales”, el país será más pobre ya que los ciudadanos deberán trabajar más para satisfacer sus necesidades, que serán también seguramente de menor calidad (en ese caso el trabajo pasa a ser un medio en lugar de lo que realmente es: un fin para satisfacer necesidades)
-O se paga el costo político de la medida
-O los contribuyentes por medio del estado pagan a sus compatriotas altos fondos de desempleo (incrementando los impuestos y reduciendo el mercado, creando un círculo vicioso)
-O se genera como en Chile un plan de reducción de aranceles en el tiempo para que las empresas se adecuen a las necesidades del mercado (difícil de coincidir con los plazos cortos de la democracia y los intereses políticos)
Ante esta realidad lo importante es actuar en el momento inicial del ciclo para que no se genere la distorsión que a la larga indefectiblemente traerá un problema político y económico a cualquier país.
Conclusiones políticas para partidos liberales de la experiencia argentina
Para un partido de fuerte identidad ideológica, si bien es viable acceder a cargos legislativos y ejecutivos locales, es difícil llegar a gobernar los destinos de un país por si sólo, ya que la mayoría de los electores no defienden una ideología en particular.

Ante esta realidad las opciones son perder la identidad en la búsqueda del poder o mantenerla formando parte de una alianza afín de mayores dimensiones, desde donde se pueda ejercer influencia desde la solidez de las ideas.

En nuestro país el Ingeniero Álvaro Alsogaray dilapidó la coherencia de toda una vida en la defensa de la economía de libre mercado al creer que Argentina se había encaminado finalmente en el rumbo de la prosperidad. Hoy a seis años de su muerte, el partido que fundó y con el que llegó a ser la tercera fuerza nacional desapareció totalmente.

Él sabía que lo que las medidas llevadas a cabo durante el período en cuestión no eran las adecuadas, pero especuló que sería un primer paso hacia la apertura económica. Se equivocó. Bastó una bonanza económica de la mano del ingreso de China e India en el mercado internacional en búsqueda de alimentos para que la soja argentina brinde al gobierno recursos extraordinarios reinventando la aventura estatista y populista.
Como destacó Karl Popper, no existen los procesos históricos que prevean resultados determinados inevitables y cualquier conjetura, por más consistente que parezca puede ser refutada. Un proceso de apertura tiene ser acompañado por una reforma del estado para que desde lo institucional se prevean fuertes contrapoderes y un escenario político-económico-fiscal federal. Si Argentina hubiera llevado a cabo una reforma del estado en su momento hoy el boom de la soja, en lugar de abastecer las arcas del gobierno nacional para sus delirios dirigistas, hubiera enriquecido las provincias productoras y ningún gobierno central hubiera tenido las herramientas para devolver al país al estatismo y al atraso.

En lo que respecta a los partidos políticos, si una fuerza liberal se encuentra compartiendo una alianza estratégica en el ejercicio del poder con una fuerza mayoritaria tradicional, hay que tener en claro que el acercamiento de un partido masivo al liberalismo será circunstancial. En este sentido deberán ser parte de las prioridades las reformas del estado pensando en los años venideros (descentralización, federalismo,
reducción de la discrecionalidad monetaria, fortalecimiento de la independencia de poderes, reducción de la estructura estatal, acuerdos de libre comercio, etc). Otro aspecto importante es la relación del partido con la sociedad. Si una alianza gobernante, la cual podría estar integrada por una fuerza liberal, pierde el rumbo es preferible abandonar el poder a dilapidar la credibilidad de la identidad y el capital político conseguido. Un partido populista puede reinventarse constantemente ya que siempre tendrá un chivo expiatorio para ofrecer en sacrificio, pero una fuerza identificada con una coherencia ideológica difícilmente tenga una segunda oportunidad ante toda una sociedad poco interesada en el análisis económico y la filosofía política.

martes, 9 de agosto de 2011

¿El problema son los preservativos o el Estado?


El debate acerca del proyecto de María José Lubertino sobre educación sexual y el uso del preservativo en la escuela primaria nuevamente trajo aparejada la discusión sobre qué debe ser objeto de estudio en las escuelas y que no.

La opinión pública se encuentra otra vez de testigo ante los cruces de los políticos, quienes intentan imponer su visión de la realidad y modelo educativo según sus ideologías, religiones, intereses y circunstancias políticas. Un ejemplo de esto fue el debate de la impulsora del proyecto con la diputada nacional Cinthya Hotton.

El progresismo forzado de Lubertino discutía con la opinión conservadora de Hotton, mientras que lo que estaba en juego no era nada más ni nada menos que la educación de todos los argentinos, herramienta fundamental para la libertad de las personas y el desarrollo de la república.

Estos dilemas no son nuevos. Es común ver al comienzo cada año lectivo que se discuten en la política temas repetidos como los reglamentos de comportamiento, los modelos estructurales escolares, la vigencia de las amonestaciones en los secundarios, la cantidad de materias que los alumnos pueden tener previas y otros asuntos.

Como cada uno de nosotros tiene diferentes opiniones, es justo reconocer que cada uno tiene un modelo educativo en la cabeza. Sobre todo los que tenemos opiniones políticas. Es imposible e indeseado que todos los argentinos pensemos igual, tenemos diferentes valores y está bien que así sea.

La pregunta que debemos hacernos es si un grupo de legisladores, aunque sean electos democráticamente, tienen la potestad para regular la educación de las personas y dictar los contenidos de estudio, como si estuvieran asignando los recursos públicos a la hora de tapar un bache o dar un aumento docente.

Karl Popper y sus ideas sobre la sociedad abierta nos demuestran que las teorías que subyacen al conocimiento son refutables y viven en constante superación. ¿No sería lo mejor para la educación asumir que nadie tiene razón, que pensamos diferente, y que puede estar sometida al proceso de prueba y error? Si dejamos ese proceso a merced del Estado, el modelo único sin competencia simultánea, la imposición de valores determinados y las reacciones siempre tardías, el tiempo puede seguir haciendo estragos en la educación de los jóvenes.

Una buena propuesta en este sentido sería la eliminación de los contenidos educativos por parte del Estado. Si las escuelas, en convivencia y discusión con los padres que las elijen, pudieran determinar estos asuntos, los debates como los de Lubertino y Hotton serían sólo un triste recuerdo de un modelo de imposición gubernamental.

La diversidad de los ciudadanos, familias, profesores y autoridades escolares en libertad pueden llegar a definir diferentes modelos para que los padres puedan elegir donde quieren que sus hijos sean educados. Esto no solamente traería más libertad y reduciría el nivel de imposición, sino que con el paso del tiempo aparecerán, producto de la misma libertad, nuevos modelos, probablemente que hoy no imaginamos, pero que pueden ser mucho más satisfactorios, democráticos y eficientes.

viernes, 20 de mayo de 2011

Tomada tomándonos de estúpidos


Más allá de la horrenda fascinación necrófila justicialista, el afiche de Carlos Tomada en su precandidatura a Jefe de Gobierno (título extravagante para los políticos que necesitan para su ego algo más rimbombante que intendente) nos dice que su gestión creó 5 millones de empleos.
Esta estupidez sigue la línea de pensamiento general de la clase política que las gestiones “hacen” cosas, como si usaran plata de los bolsillos de los funcionarios. Los presidentes, gobernadores e intendentes, designan recursos, que dicho sea de paso son obtenidos por la coerción del estado para las obras que consideran de relevancia. Cuando un cartel o un político en campaña nos dice que su gestión “hizo” tal cosa, lo que en realidad está diciendo es que administró los recursos que se extrajeron de los contribuyentes para cierta finalidad. Más allá del debate moral del cobro de impuestos, y más allá de si la obra en cuestión está bien presupuestada, asignada y realizada (cosa rara) al fin y al cabo, no están haciendo otra cosa que cumplir con su trabajo, por el que cobran fortunas.
Para que tenga sentido, por ejemplo un “Cristina hizo”, tendría que cerrar uno de sus hoteles de lujo de Santa Cruz para crear un hospital público, por ejemplo. Sino, nos están refregando algo en la cara que no tiene razón de ser. Que un intendente pegue un afiche diciendo que mandó a arreglar un bache tiene el mismo sentido a que un empleado le empapele la oficina a su jefe diciendo que hoy llegó a horario en la oficina, con la plata del trabajo. En el sector privado un hecho semejante significa un despido automático. Los políticos nos lo hacen impunemente todos los días y la mayoría de la gente no se da cuenta de nada.
Volviendo al delirio de los 5 millones de empleos de Tomada, por más que algunos piensen que hay en el Ministerio de Trabajo un gimnasio conectado a un dispositivo que, producto de abdominales y flexiones de brazos de todo el ministerio se incrementan los puestos de trabajo, ni un ministro ni un ministerio pueden inventar puestos de trabajo en el sector privado.
Lo único que puede hacer la política para fomentar el empleo es incentivar el mercado bajando impuestos, reduciendo regulaciones, facilitando la apertura de comercios, liberando exportaciones e importaciones y dejándose de joder a la gente que quiere laburar en paz. Todo lo que haga un ministro en otra dirección es contrario a la creación de puestos de trabajo. Los modelos dirigistas como el kirchnerista de economía controlada impiden el desarrollo, reducen el empleo y distorsionan la libre voluntad de las personas, por lo que si es cierto que desde 2003 se crearon 5 millones de empleos, el único mérito es del mercado (todos nosotros) y es a pesar de los Kirchner y a pesar de Tomada.

domingo, 15 de mayo de 2011

miércoles, 20 de octubre de 2010

El estado versus los individuos

Trabajo realizado para la materia Políticas Públicas de la Maestría en Ciencias Políticas y Economía. Prof. Martín Krause


Si bien dentro de las corrientes académicas que forman e influyen a los gobernantes, asesores, periodistas y formadores de opinión se encuentran desarrollados los debates sobre los bienes públicos, externalidades, fallas de mercado y la necesidad de la intervención del estado como garantizador de algunos bienes y servicios, la historia demuestra que muchas cosas que hoy le son atribuidas, en unos casos indiscutiblemente, al estado fueron invenciones de los individuos y que las mismas funcionaron previamente de manera efectiva bajo su gestión, inclusive mucho mejor que en la actualidad bajo control burocrático..
A pesar de que el debate clásico entre Ronald Coase y Arthur Pigou sobre la necesidad de impuestos y subsidios por parte del estado versus la posibilidad de que los privados puedan solucionar los inconvenientes por medio de libre acuerdos y su vigencia en el ámbito teórico, la discusión real acerca de los bienes públicos es mucho más amplia. Sobre todo en países con altos índices de intervención estatal.
Si la discusión es acerca de quien debe ofrecer el servicio de un faro, en un puerto donde los barcos no suelen ir seguido, por lo que un privado no tendría incentivos en construirlo, es válido el debate sobre quien tiene que financiarlo, dando la oportunidad a que las distintas ideas puedan manifestarse y llegar a la mejor solución para todos. Pero en los casos donde los privados quieren aparecer ofreciendo un servicio imposibilitados por la coerción del monopolio por parte del estado, la discusión tendría que ser diferente.
Los defensores de la intervención estatal usan indistintamente el argumento moral o utilitario para justificar su postura, sin compromisos con ninguna de las dos corrientes filosóficas. Si se trata de financiar la educación para todos, lo “justo” es que los que no puedan pagarlo sean subsidiados por quienes sí. Pero cuando se debate sobre los contenidos que se van a impartir, lo más “lógico” es un ministerio centralizador y general, ya que sino, supuestamente, nos espera la anarquía. Sin embargo, como se pretende explicar en este trabajo, la intervención estatal en muchos casos termina siendo tanto injusta como contraproducente, para los que tienen mucho, como para los que tienen poco. De esta manera podríamos afirmar que en la sociedad encontramos dos tipos de clases estancas. El mercado refutó a Marx y su teoría del conflicto de clases por la explotación capitalista, pero el estado pareciera cada vez más con su injerencia sí fomentar la existencia de dos nuevas clases sociales: los amigos beneficiados y la mayoría de la sociedad perjudicada. En ambos grupos hay personas de recursos, en ambos grupos hay empresarios y en ambos grupos hay pobres y ricos. La diferencia es que unos viven de los otros.






La ineficiencia de los bienes públicos en manos del monopolio estatal

El objetivo de este trabajo es analizar dos bienes monopolios en manos del estado en la Argentina de hoy. Uno, al igual que en el resto del mundo, casi no tiene cuestionamientos respecto de la identidad del ofertante, porque para la mayoría de las personas no se trata de un bien o una mercancía sujeta a las leyes de la oferta y la demanda: la emisión del dinero. Ya sea por el gobierno de un país o un organismo formado por los de varios, la propiedad del valor del billete fiduciario en manos de la gente se encuentra sujeta a la intervención de los intereses gubernamentales.
El otro caso, la aeronavegación comercial, en muchas partes del mundo ya se encuentra ofrecida por varias empresas, tanto en vuelos de cabotaje como internacionales, consiguiendo gracias a los beneficios de la competencia, mejores servicios y tarifas. Lamentablemente en nuestro país este servicio en lo que respecta a viajes a cualquier punto de Argentina se encuentra monopolizado todavía por el estado, luego de una gestión monopólica privada, perjudicando a los usuarios y obligando a toda la población a mantener su deficiente operación.


La aeronavegación: invento de los individuos expropiado por el Estado

Desde antes que exista siquiera la idea del Estado el hombre quiso volar imitando a los pájaros. No existían las fronteras ni la política cuando el individuo prehistórico comenzó a soñar con alcanzar el cielo. Varias civilizaciones a lo largo del tiempo tenían sus propias leyendas acerca de la posibilidad de remontarse en el aire para viajar de un lugar a otro. La fábula más conocida es la de Ícaro y Dédalo, quienes construyeron unas alas con pluma y cera para escapar de su prisión en la isla de Minos.
Luego de siglos de intentos fallidos y con toda la innovación que produjo la revolución industrial aparecieron los primeros dirigibles que superaron a lo único que se conocía hasta el momento, los globos aerostáticos que eran imposibles de manejar.
Con la aparición del motor y las investigaciones con planeadores surgieron las primeras máquinas que sólo conseguían despegar y transportarse unos metros. A principios del siglo XX el hombre, por sus propios medios logró el sueño de volar de la mano de su invención y perseverancia.
Si bien existe el debate histórico entre los que afirman que el primer vuelo lo realizaron los hermanos Wright en Estados Unidos y los que opinan que la hazaña fue conseguida por Alberto Santos Dumont en París sin dudas el logro puede acreditarse a la humanidad y a la inventiva de los individuos que consiguieron llevar a cabo algo que sólo existía hasta el momento en su imaginación. Ninguna legislación del mundo para ese entonces declaraba la aviación como “bien de utilidad pública” ni tampoco existían las regulaciones de los cielos ni los monopolios estatales para la aeronavegación.
En 1914 el nortamericano Tony Jannus fue el primero en realizar un vuelo comercial desde los Estados Unidos a Rusia. Su hidroavión también funcionaba como un taxi aéreo para pasajeros que abonaban 5 dólares cada 35 kilometros, convirtiéndose en la primera línea aérea del mundo.
A pesar de que existe una corriente de opinión que revindica el rol del estado en la proliferación de muchos inventos, como en este caso, afirmando correctamente que la aviación se incrementó y mejoró con los logros militares durante la Primera Guerra Mundial, es innegable que los gobiernos y sus fuerzas armadas, tal cual ocurrió con la aeronavegación, no inventaron absolutamente nada. Sólo tomaron los descubrimientos civiles para continuarlos con ilimitados recursos extraídos de la población mediante impuestos, ventaja que los innovadores no tienen.
Conociendo la historia de los gobiernos, sobre todo en países como él nuestro, podemos estar en condiciones de asegurar que muchos inventos que hoy sólo existen en los sueños de unos hombres, luego de plasmarlos en la realidad y verlos funcionar, serán limitados, regulados y posiblemente expropiados por los ocupantes del poder político en el futuro.


Los vuelos en Argentina, la iniciativa privada y la expropiación de Perón

Para mediados de la década del 30 en el país ya operaba Panagra (Pan América Grace Airways), empresa de capital norteamericano y peruano, que realizaba los vuelos de cabotaje y también destinos internacionales. Uno de los primeros argentinos en percibir la veta comercial para fundar una empresa aérea fue el Ingeniero Álvaro Alsogaray, que a pesar de no poseer los recursos para realizar la inversión pudo conseguir un grupo empresario que aporto el capital necesario y como CEO, además de tener un pequeño porcentual accionario, puso en funcionamiento Zonda en 1947 (en referencia al viento y en homenaje al periódico de Sarmiento). Para ese momento el estado en pleno avance sobre el sector privado se reservaba el 20% de las acciones de las empresas en funcionamiento, por lo que podían operar exclusivamente las denominadas “mixtas”.
Álvaro Alsogaray (h) comenta que en un principio los aviones (DC3) eran pequeños y transportaban 25 pasajeros, pero estaban reconocidos como los mejores del mundo. La empresa consiguió un lugar en el mercado local y logró desplazar a Panagra en los vuelos de cabotaje. “Luego del éxito inicial de Zonda, que viajaba hasta Tartagal, aparecieron nuevos emprendimientos privados, como el de un amigo de mi padre que fundó una empresa aérea que viajaba al Sur. Así aparecieron tres o cuatro empresas, todas funcionando con un porcentual del Estado que no hacía absolutamente nada”, comenta el hijo del fundador.
En el contexto de las estatizaciones generales impulsadas por el presidente Perón que afectaban a todo el sector de comunicaciones, transporte y energía fue aprobada la Ley de Utilidad Pública en el Congreso. De esta manera todas las empresas privadas expropiadas por el gobierno funcionaban en un principio por la inversión estructural de las gestiones anteriores, pero pronto empezaron a mostrar déficit. “La preocupación de mi padre era muy grande, él le había puesto muchas ilusiones a una empresa que había funcionado muy bien y que sólo pudo existir dos años antes de su expropiación”. De esta manera Zonda, junto al resto de las aerolíneas mixtas pasó a ser Aerolíneas Argentinas. “La empresa estatal voló 30 años con los DC3 que Zonda trabajaba en 1947”, declara Alsogaray (h).
A pesar de que el gobierno que expropió a Zonda como al resto de las aerolíneas “mixtas” fue depuesto en 1955, ya estaba instaurada la idea nacionalista de las empresas estatales y cualquier iniciativa privada en el ámbito de la aeronavegación ya era considerada como antipatria, motivo por el cual Álvaro Alsogaray decidió no solicitarle al gobierno de la Revolución Libertadora la devolución de la empresa por parte del Estado a los accionistas privados. Si bien el gobierno revolucionario se trató de un golpe de estado, al igual que el de Pinochet en Chile, aquel devolvió a los dueños originarios las expropiaciones realizadas por su predecesor. Hoy chileno que viaja de Santiago a Concepción por Lan (privatizada en 1989 y luego sometida a competencia) paga 100 dólares menos que un argentino que quiere viajar de Capital Federal a Mar del Plata por Aerolíneas (y con menos vuelos para elegir). Para muchos analistas los militares en Argentina comenzaron con un proceso político de características peronistas que continuaron los diferentes gobiernos democráticos y que en cierta manera continúa hoy en día. Los argumentos para la necesidad de la aerolínea estatal “de bandera” en 2008 no difieren mucho de los esgrimidos hace más de cincuenta años. A pesar de que hoy existen algunas empresas a las que se le otorgaron algunos destinos, el estado argentino sigue siendo el amo y señor del cielo regulando el desempeño de los ofertantes privados. Las licencias, todas de menor participación en comparación a la beneficiada estatal Aerolíneas que concentra el 90% de los vuelos de cabotaje, tienen permisos limitados y muchos empresarios argentinos y extranjeros siguen esperando el visto bueno del funcionario de turno para conseguir la autorización de algún tramo para operar en el mercado.

La alternativa al monopolio estatal no es el monopolio privado, es la desregulación

Ante el anunciado colapso de las empresas públicas durante la década del ochenta, muchos abrazaron con esperanzas la ola privatizadora que tuvo lugar entrados los noventa durante el gobierno de Carlos Menem, que en muchos de los casos se trató solamente de un cambio de administración convirtiendo a los monopolios públicos en privados. Si bien una empresa pública tiene sus características negativas en cuanto a su eficiencia, también el monopolio privado, que a pesar de no ser financiado por todos los ciudadanos (mientras no tenga subsidios), tiene indefectiblemente sus vicios que lo alejarán de un buen funcionamiento.
Considerando la eficiencia como el funcionamiento más óptimo a un menor costo operativo el ofertante monopólico estatal tiene dos grandes desincentivos. Uno la falta de referencia que le da la ausencia competidor y otro, nada más y nada menos la falta de precios, motivo por el cual Ludwig von Mises justificó la imposibilidad del socialismo. Si la empresa privada no busca el lucro su finalidad es política y los intereses políticos destruyen su rentabilidad. Por otra parte el ofertante monopólico privado, si bien puede percibir ganancias, las mismas son generadas por la coerción que genera la imposibilidad de la competencia, por lo que en este caso se repite uno de los vicios de la gestión pública.
En el caso de la Aerolíneas Argentinas privada la inconveniente situación para los pasajeros ya era advertida en 1993 por los economistas Martín Krause y Alberto Benegas Lynch (h) en su trabajo “Hacia una política de cielos abiertos” donde destacan que el costo de los vuelos de la entonces empresa privada con privilegios eran mucho más elevados en comparación a las empresas sometidas a competencia alrededor del mundo. Dice el texto:

“Con posterioridad a la privatización de Aerolíneas Argentinas, Iberia adquirió también la aerolínea Austral, con lo cual concentra entre ambas el 98% del cabotaje. Las tarifas locales son fijadas por el gobierno, lo mismo que el otorgamiento de licencias o rutas. Debe destacarse que en un mercado abierto no resulta relevante si un mismo operador adquiere la totalidad de las empresas en un sector. Cuando se habla de mercado abierto se quiere decir que cualquiera que considere que puede prestar un mejor servicio puede ofrecerlo sin restricción alguna. En el caso que nos ocupa el mercado de cabotaje no está abierto: United Airlines, KLM o Air France no pueden competir puesto que no se les permite operar, como también están bloqueadas otras empresas nacionales. Estas prohibiciones surgen de los beneficios que la ley 19.030 le concede a Aerolíneas Argentinas con respecto a la “aerolínea de bandera” que, dicho sea de paso, le otorga el monopolio en los vuelos internacionales respecto de otras alternativas que podrían ofrecer otros operadores locales”.

Ninguno de estos argumentos fue tenido en cuenta en 2008 cuando el estado argentino volvió a tomar las riendas de Aerolíneas Argentinas. La lectura oficial era que el sector privado había fallado y que había que volver al dominio “público”. Las “fallas de mercado” al fin y al cabo como vemos no son tales y las “fallas del estado” aparecen y se repiten impunemente a lo largo de la historia.
Durante los primeros nueve meses de 2010 la empresa estatal perdió más de 400 millones de dólares, según estimaciones oficiales y recibió subsidios por más de 432. Todo esto en el marco de los escándalos habituales de los funcionarios de turno, gremialistas y sus amigos que viajan por el mundo por placer a eventos como el mundial de fútbol. Recientemente el titular de la empresa estatal, Mariano Recalde, afirmó con optimismo que durante 2011 Aerolíneas perderá “solamente 200 millones de dólares”. El anuncio se realizó en el marco de un convenio que le permite a diferentes agrupaciones gremiales viajar por la empresa con precios especiales, inaccesibles al resto de los ciudadanos que solventan la ineficiencia de la aerolínea con sus impuestos.
Como menciona Adrián Ravier en su artículo “Una política de cielos abiertos para Argentina” no debemos confundir la privatización de la aerolínea argentina de bandera con una política de cielos abiertos. Mientras tenemos los fracasos históricos de los monopolios públicos y privados también el mundo nos muestra los casos exitosos que tiene Argentina para imitar y transformar su aeronavegación comercial en un servicio más eficiente y económico.
Uno de los casos paradigmáticos de estudio es la relación entre Estados Unidos y Canadá entre 1979 y 1988. Un estudio del economista alemán Hernert Gruble, ex miembro del parlamento canadiense, destaca qué los datos apoyan el análisis teórico de los efectos de la desregulación. “La mayor competencia en EE.UU. llevó a una notable reducción de los costos y tarifas en relación con los de Canadá. Tan espectaculares son los resultados que otras diferencias entre los dos países no pueden explicarlos”, afirmó.
Los veinticuatro países que firmaron en Europa el Tratado de Cielos abiertos en un principio se resistían al cambio. Hoy al igual que en Estados Unidos la opción del viaje en avión es hasta más económica para varios trayectos que el tren o que el autobús.


El dinero: La cooperación y la evolución de la mercancía para el comercio apropiada por el estado

A pesar de que los gobiernos se hayan reservado la prerrogativa de, primero acuñar el dinero certificando su valor en oro y luego adjudicarle a cada billete el valor que los burócratas decidan según sus intereses, el comercio y la cooperación llegaron de manera espontánea a la utilización de una mercancía para facilitar los intercambios comerciales sin la intervención de ningún gobernante.
El trueque, que abrió el paso a los intercambios, fue sin dudas una evolución a la economía de autosuficiencia, pero tenía la problemática de coincidir en dos necesidades determinadas para realizar el intercambio. Estoy dio lugar al denominado “dinero mercancía”, es decir, un bien como la sal o un metal que cumplía con ciertas características (transportabilidad, divisibilidad, durabilidad y precio estable) como para ser aceptado como medio de pago y luego utilizarlo en una nueva transacción.
Comenta el economista Friederich Hayek en su obra La desnacionalización del dinero que durante más de dos mil años la prerrogativa del gobierno de suministrar dinero se reducía en la práctica al monopolio de la acuñación de monedas de oro, plata y cobre. Tal facultad se aceptó incuestionablemente como atributo de la soberanía dados los poderes con los que contaba la realeza por esos días. “Las monedas sirvieron de símbolos de poder, como la bandera, a través de los cuales el gobernante afirmaba su soberanía y mostraba a su pueblo que el amo era aquel cuya imagen transportaban las monedas hasta los lugares más remotos de los reinos”, destaca el autor.
Durante los siglos XVIII y XIX muchos países tenían un patrón bimetálico basado en oro y plata. Para 1870 se adoptó el patrón oro, lo que significaba que cualquier ciudadano portador de un billete podía cambiarlo su equivalencia. En Argentina a principios del siglo pasado cuando las ideas dirigistas iban ganando espacio y se creaba el Banco Central, diputados del Partido Socialista, advirtiendo que la emisión indiscriminada de billetes por parte del gobierno perjudicaría sobre todo a los trabajadores de ingresos fijos, intentaron oponerse sin éxito a las medidas que con el correr de los años destruyeron cuatro signos monetarios sumergiendo al país en reiteradas crisis inflacionarias.
Luego de la Segunda Guerra Mundial y el tratado de Bretton Woods se decidió que las monedas internacionales serían convertibles a dólares y éstos al oro, pero las políticas fiscales expansivas norteamericanas a partir del conflicto bélico de Vietnam terminaron en la convertibilidad del dólar al oro luego de dos devaluaciones consecutivas del 10% cada una. Desde 1973 el dinero utilizado se encuentra respaldado solamente por la fe de que será aceptado y su valor a la merced de los Bancos Centrales.
Dado que el dinero es un bien económico, indefectiblemente estará sujeto a la ley de la oferta y la demanda. Por lo tanto, si su “emisor”, es decir, un gobierno particular o un organismo formado por representantes políticos de varios países, tiene necesidad de financiamiento superiores a su recaudación tributaria la liquidez vendrá de la mano de la emisión monetaria perjudicando a los tenedores de billetes que se encuentran sometidos a un robo silencioso en la pérdida del valor real adquisitivo de su moneda.
En nuestro país, a pesar de la formal “independencia” del Banco Central, existieron varios procesos inflacionarios causados por la emisión monetaria. Para 2010 el Poder Ejecutivo destacó la necesidad de terminar con esa supuesta independencia para que la entidad pueda definitivamente oficiar de abastecedora de billetes para la utilización del gobierno. De no modificar el rumbo y de continuar por ese camino Argentina corre serios riesgos de convivir para siempre con la inflación y con la pérdida constante del valor de la moneda nacional.

La inflación y la imposibilidad del monopolio de fijar precio y cantidad

“Los políticos hablan de ella como si se tratara de una horrible calamidad proveniente del exterior, a la que no pudieran controlar, como una inundación, una invasión extranjera, o una plaga. Es algo que siempre están prometiendo “combatir”, si el Congreso o el pueblo quisieran darles las “armas” o una “ley enérgica” para llevar a cabo la tarea. Sin embargo, la verdad es que nuestros líderes políticos han provocado la inflación con sus políticas monetarias y fiscales. Prometen combatir con su mano derecha las condiciones que han creado con la izquierda. La inflación, siempre y todas partes, es producida por el aumento del dinero en circulación y del crédito”

Henry Hazlitt

Si un monopolio, como es el Banco Central, ejerce una política activa, financiando al gobierno mediante emisión monetaria, es inevitable que el aumento de billetes venga acompañado por una disminución en el valor real de cada unidad fiduciaria. Un monopolio puede fijar precio o cantidad, pero no puede controlar las dos variables al mismo tiempo ya que la acción de una repercute directamente en la otra. Al igual que cualquier otra mercancía en el mercado su incremento en la oferta, por encima de su demanda, produce una pérdida de su valor. En el sector privado si un empresario se equivoca planificando su producción y fabrica más unidades de un bien de las que luego son solicitadas en el mercado, el mismo agente privado internaliza inevitablemente sus pérdidas. Es por esta característica (que los que se equivocan en la planificación pierdan) que existen los incentivos en el sector privado para reducir los márgenes de error. En el sector público no existen los precios, por lo que tampoco existen incentivos claros para realizar una gestión exitosa –en este caso mantener el valor de la moneda-. Por otra parte los intereses políticos, como conseguir recursos para financiar diferentes programas gubernamentales, atentan directamente contra el derecho de propiedad de la gente respecto de su dinero cuando los políticos pueden imprimir libremente billetes, como dijo Hazlitt “Confiarle el dinero a los políticos es como confiarle nuestro canario a un gato hambriento.”
A pesar de que Argentina ha sufrido ya muchos procesos inflacionarios que han destruido varios signos monetarios, todavía la sociedad pareciera no comprender de qué se trata este fenómeno. Es por eso que tanto el párrafo como la cita del célebre economista y periodista de Newsweek aplica a la perfección para la Argentina de hoy donde el Poder Ejecutivo destaca la necesidad de “repensar el rol del Banco Central”, para que pueda pasar a financiar los proyectos de su gobierno.
Si bien cualquier interpretación sobre lo que aparentemente no funciona en el mercado pareciera justificar la intervención estatal por parte de los gobiernos, la injerencia gubernamental ha fallado en un sin numero de oportunidades a lo largo de la historia en los intentos de controlar los precios sin que nunca se haya cambiado el pensamiento del mainstream económico que no concibe la posibilidad de aceptar la existencia de una “falla del estado”.
Si existe un área en la que todos los gobiernos de la historia (que lo intentaron) fracasaron sistemáticamente es en el control de los precios. Convencidos de que vigilando los valores de las mercancías mediante el control policial podrían mantener los precios, en muchos lugares del mundo y en todas las épocas los gobernantes fracasaron una y otra vez consiguiendo como resultados la persecución, el desabastecimiento y el mercado negro. Ya sea por las causas monetarias de la inflación o por aumentos de precios determinados por factores como la escasez, los gobernantes nunca pudieron fijar por ley la oferta y la demanda.




Fracasos del estado controlando precios

Algunos casos a lo largo de la historia:

-Antiguo Egipto: Destaca el historiador francés Jean-Philippe Levy: “Había un ejército completo de inspectores. No había más que inventarios, censos de hombres y animales… estimaciones de cosechas futuras. En todos los pueblos los agricultores huían mientras que los controles incrementaban la presión y llegaban a la tortura. Finalmente la economía colapsó a finales del tercer siglo A. C. El comercio de Alejandría declinó y los trabajadores disgustados con las condiciones impuestas abandonaban sus tierras y desaparecían hacia el interior del país”.

-Babilonia: Hace cuarenta siglos el Código de Hammiurabi impuso un rígido control de precios y salarios. La ley fijaba los precios de todas las actividades, lo que terminó ahogando el progreso económico del Imperio por muchos siglos. El comienzo de la declinación comercial coincidió con el reinado de Rim-Sin, gobernante que consiguió la suma del poder público luego de convertirse en un semi Dios a causa de sus victorias militares.

-Grecia antigua: Destacan Schuettinger y Butler en 4000 años de controles de precios y salarios:
“El gobierno ateniense, de hecho fue tan lejos como hasta ejecutar a sus propios inspectores cuando desfallecía su celo en el control de precios. Pese a la alta tasa de mortalidad, tanto de mercaderes como de burócratas, el precio del grano continuó subiendo cuando la oferta era escasa y cayendo cuando era abundante”.

Hiperinflación y “maquinita” en el mundo reciente
(Argentina no fue el único caso)

-Alemania luego de la Primera Guerra Mundial: Con la imposibilidad de aumentar la recaudación impositiva por la situación interna y las deudas con las que las potencias ganadoras del conflicto bélico cargaron al país existió una fuga de marcos de oro que respaldaban la moneda para afrontar los pasivos y se recurrió a la emisión monetaria para afrontar los gastos del estado en 1921 cayendo indefectiblemente en un proceso fuertemente inflacionario: Cada mes los precios se cuadruplicaban. La hiper llegó a su pico máximo en 1923 cuando se cambió el Papiemark por Rentamark y se abandonó la impresión monetaria como recurso para financiar los gastos del gobierno. Si bien se consiguió terminar con la inflación la crisis y el malestar sirvió para que la propuesta extremista de Hitler tenga apoyo en sectores de la sociedad.




-Zimbabwe millonaria y pobre al mismo tiempo: El gobierno del multimillonario (en dólares norteamericanos) Robert Mugabe decidió afrontar los problemas de miseria e inflación de la población de Zimbabwe (millonaria en dólares zimbabwenses) expropiando la producción agrícola y financiando el gasto público con emisión monetaria desde hace más de diez años. Para 2008 las cifras oficiales arrojaron un 160 mil % de inflación. La solución del gobierno tiene su similitud con la argentina: dejaron de informar las cifras. Mientras tanto los controles de precios continúan y el desabastecimiento es moneda corriente. Hoy la esperanza de vida en el país africano es de 35 años y la mortalidad infantil hasta los 10 años es del 650 por 1000. Para la población, que tiene billetes que superan las seis cifras, el papel higiénico, la carne y el pan se convirtieron en lujos inalcanzables.

Las propuestas monetarias de los economistas austríacos: Como terminar con la inflación

Von Mises y la defensa del patrón oro:

Para el autor de La acción Humana la convertibilidad al metal no se trata de un sistema “perfecto” ya que considera que cualquier institución a la que lleguen los hombres es imperfecta, pero considera que dentro de las políticas monetarias posibles el patrón oro se trata de la mejor opción para resguardar el valor adquisitivo de la moneda.
“Nadie esta en disposición de decirnos como podría implantarse algo más satisfactorio que el patrón oro”, advertía en su tratado de economía de 1949.
Para Mises los principales detractores de la conversión al metal (a los que llama “expansionistas”) son los enemigos del comercio internacional -que buscan desconectar a su país del intercambio global por intereses sectoriales- y los grupos nacionalistas que temen que exista una “fuerza externa automática” que impida a los gobernantes ejercer plenamente su soberanía sobre los ciudadanos.
“El patrón oro hace a la determinación del poder de compra del dinero independiente de las ambiciones y doctrinas cambiantes de partidos políticos y grupos de presión. No es un defecto del patrón oro: es su principal virtud”.

Hayek y la competencia de monedas:

Friederich A. Hayek, discípulo de Mises, editó en 1976 su propuesta monetaria ofreciéndole al pensamiento liberal una alternativa a la propuesta del patrón oro: la libre competencia de monedas. En un mundo todavía bipolar y en una Europa Occidental más atomizada que en la actualidad, el autor advertía que la posibilidad de una moneda común (la que no veía posible por esos días) no sería una solución para la problemática monetaria y destaca que de no ser bien administrada podría ser inclusive peor. Otra desventaja que veía en la opción de la moneda europea era que las naciones que hagan bien sus cosas se verían arrastradas por los errores que cometa la autoridad internacional.
La propuesta de Hayek es la desregulación del sistema monetario y la apertura a las entidades privadas para emitir sus propias monedas para que puedan ser utilizadas y abandonadas libremente por las personas. Para el autor, la búsqueda del favor de los “clientes” y la competencia funcionaría mejor para cuidar el valor de la moneda que las políticas de los gobiernos y los bancos centrales.
“Lo que ahora necesitamos es un Movimiento de Dinero Libre, comparable al Movimiento del Libre Comercio del Siglo XIX, que muestre no solamente el daño causado por la grave inflación padecida, sino también las importantes consecuencias que provocan períodos de estancamiento que sí son inherentes al actual sistema monetario”.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La presidenta anunció que el gobierno nos va a seguir robando

Luego de varios procesos inflacionarios Argentina todavía no comprende las causas de la inflación y el pueblo nuevamente es víctima del saqueo del gobierno mediante el uso del Banco Central

Una persona tiene que trabajar para hacerse de sus recursos. Puede salir al mercado a ofrecer algo a cambio de su tiempo y trabajo y de esta manera adquirir sus ingresos. También tiene la posibilidad de pedir prestado o vender objetos de valor de su propiedad, como las famosas “joyas de la abuela”, como algunos denominan las privatizaciones que encaran los Estados (no porque las empresas entregadas sean valiosas como una piedra preciosa, sino porque un privado advierte una posible mejor explotación de las mismas a futuro). Los gobiernos tienen ciertos privilegios a la hora de conseguir liquidez, pero al igual que el resto de la gente, no puede “inventar” plata. O sea, de algún lado tiene que salir. Como nosotros puede pedir prestado, pero el gasto lo afrontará la población y lo tendrá que recolectar una futura gestión. También puede vender activos, cobrar impuestos…y lamentablemente robar.

Si, robar. Pero lo más grave de esta situación es que las víctimas no perciben el robo, y si bien eventualmente se quejan, no perciben el manotazo a su propiedad ni comprenden lo que pasó, por lo tanto, no buscan la solución en la oposición al ladrón de turno. Estamos hablando de la tristemente célebre inflación.

Mientras que Cristina Fernández sale a decir que piensa utilizar en BCRA como fuente de financiamiento del Estado, los medios de comunicación cubren la noticia sin relacionarla con uno de los temas que más preocupa a la opinión pública: el aumento de los precios. En esta oportunidad los adulones de turno aplaudían el anuncio del pago de la deuda con reservas y la impresión de $20 mil millones antes de fin de año.

Tanto el desprendimiento de reservas como la emisión monetaria por encima de los requerimientos del mercado tienen un correlato en el valor del peso, por lo tanto en la cantidad de bienes y servicios que se compran con cada unidad monetaria. Por el tiempo que la creencia popular siga pensando que el problema del aumento de precios está en la mercancía valuada y no en el billete que la compra, la tesis de la especulación seguirá proponiendo el control de precios con los únicos resultados que trajo en la historia: el fracaso de la medida, persecución a los comerciantes, la escasez de productos y la merma en su calidad y/o tamaño.

Mientras el gobierno dilapide las reservas internacionales que dan respaldo al alicaído peso nacional abre el juego a posibles corridas cambiarias, donde la gente sospechando la pérdida de valor de su moneda, corre a atesorar en dólares pagándolos cada vez más. Mientras que el gobierno emita billetes para financiar el gasto público, cada billete impreso restará valor a cada peso en poder de la gente. A pesar de que la presidenta reclame una “nueva teoría financiera” nada de lo que pueda hacer va evitar que el peso escape a las leyes de la oferta y la demanda. Mientras el Banco Central aumente la emisión, el incremento de billetes (como cualquier otro bien) le quitará valor a los mismos. Por más que lo niegue la presidenta, el BCRA, como cualquier ofertante monopólico, puede determinar precio o cantidad, pero no las dos cosas al mismo tiempo ya que la manipulación de una variable determina la otra.

Lamentablemente pareciera ser que el argentino promedio se da cuenta que le roban sólo si de su billetera si le sacan 50 de los 100 pesos que tiene, pero parece que no se da cuenta cuando el billete sigue estando ahí, pero compra la mitad de cosas que antes.